La Posada Ingapirca funciona a tan solo trescientos metros del complejo arqueológico más importante de Ecuador. El establecimiento ofrece instalaciones y servicios de primera categoría y, al mismo tiempo, es fiel al entorno que lo acoge. Hospedarse en la Posada es revivir la comunión con la montaña en la que habitaban Incas y Cañaris hace quinientos años. A su vez, podrá alcanzar la armonía que solo puede ofrecer el contacto íntimo con la naturaleza.

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Apenas cruce el portón y ya estará bajo la sombra de quinoas, acacias y polylepis. A todo su alrededor están los Andes, que presumen de todo tipo de verdores a través de su repujado irregular. Al vislumbrar los senderos del jardín, verá llamas y alpacas que juegan libremente con sus crías. Mientras tanto, mirlos y colibríes ensayan melodías antes de zambullirse hacia las montañas. Se trata de una estancia fecunda y frondosa, y ni bien baje las maletas sentirá que esta montaña está tan viva como usted.

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Pero también, y conforme atardezca, empezará a sentir el frío. Lo invitamos a ingresar. La Posada es una hacienda de doscientos años, pero ha sido restaurada para satisfacer al viajero más exigente. Así, cada habitación ha sido equipada con calefactores o chimeneas, duchas de agua caliente y acabados de primer nivel.

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En los salones y vestíbulos, la construcción de madera ha sido revestida con lienzos, ornamentos e indumentaria de la región. También hay arreglos de flores en todas partes. Es un lugar aislado de cualquier ajetreo citadino, pero en cambio le resultará de lo más cómodo y acogedor.

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En la Posada podrá divertirse en un salón de juegos, deleitarse en nuestro restaurante gourmet, cabalgar por los alrededores y explorar el Camino del Inca. Sin embargo, el mayor atractivo es el complejo de Ingapirca, que es un hito en la historia del país. Desde lejos, parecería que las montañas y los aposentos hubiesen sido esculpidos con el mismo cincel.

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Esta armonía no es accidental. Los vestigios no se jactan de adornos ni opulencias, pero en cambio cada detalle ha sido considerado y ejecutado con maestría. Al adentrarse en el templo, escuchará los ecos de la sabiduría de nuestros ancestros. En muchos ámbitos, todavía no ha sido superada.

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Por nuestra parte, ofrecemos una experiencia rústica y a la vez lujosa, un santuario donde reconectarse consigo mismo y con el mundo a nuestro alrededor. Reserve su estadía en la Posada Ingapirca y asegúrese una travesía que no olvidará.

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