El repicar de las campanas

Los encantos del centro histórico son en extremo variados. Por esas pequeñas calles y balcones transita una sociedad local casi sin mirar. Entre ella se descubre al turista por ser el transeúnte que no camina, parecería más bien que flota ensimismado en la maravilla que se despliega ante sus pasos.

De repente, sin saber de dónde proviene, se escucha al unísono el repicar de las campanas. Los pájaros levantan vuelo, despierta el ciudadano distraído y el turista vuelve a la realidad. Todos, sin importar en qué lugar del casco colonial están, tendrán al alcance de su mirada una iglesia con varios siglos de antigüedad.

Los conquistadores españoles dejaron un legado que permanece impregnado en el corazón de los quiteños y en la geografía de la ciudad. No heredamos solamente su fe católica, sino también majestuosas iglesias, capillas y conventos, que hoy se encuentran por doquier en el Centro Histórico.

Esa riqueza de la época colonial permanece hoy para disfrute de propios y extraños, para ciudadanos del mundo que profesan cualquier tipología espiritual, porque su encanto trasciende la religiosidad de quienes las visitan. Es arquitectura, son sistemas constructivos, sorprendentes vitrales, arte, objetos religiosos y tesoros de distinta índole, que encuentran una dimensión desconocida para transmitir diversas sensaciones.

Para muchos, estos son espacios donde la fe transforma miedos en confianza, sufrimientos en alegrías y desdichas en esperanza. Para otros, es la casa de la meditación profunda y el silencio reparador. Los agnósticos analizan atentos el entorno para decidir si merece la pena creer, o tal vez no; mientras que los ateos se sitúan en el ambiente que sirvió de inspiración a Karl Marx para afirmar que “la religión es el suspiro de la criatura oprimida, el opio del pueblo que hace tolerable su sufrimiento”. Sin embargo, y a pesar de discordias y concordias, en la época de cuaresma que está por terminar, estos templos son el abrigo para una comunidad que adora a un Jesús resucitado.

En este pequeño recorrido editorial pretendemos compartir un abreboca con nuestros lectores. Diremos poco de lo mucho que encierran estas iglesias en el empeño de atraerlo a visitarlas. Si ya las conoce todas, vaya nuevamente, dese el gusto de escuchar el mensaje que brota en el eco del repique de sus campanas. Es una experiencia que merece la pena revivir.

San Ignacio de Loyola de la Companía de Jesús

Reconocida por ser la sede de un milagro, tiene en el altar principal el cuadro de la Virgen de la Dolorosa, a diferencia del Cristo que acostumbran tener las iglesias. Su construcción duró 160 años, el esfuerzo se refleja en la riqueza del estilo barroco que predomina en toda la obra. Las columnas y los muros son hechos con piedra volcánica proveniente de las calderas del volcán Pichincha. El techo y las cúpulas son de piedra pómez y ladrillo, y está recubierta, en su mayoría, de pan de oro que representa 52 kilos de un oro de 23 a 24 quilates. Dos de los cuadros más reconocidos del lugar son El Infierno, imagen que tiene como protagonista a Lucifer y refleja 25 pecados con sus respectivos castigos; y justo enfrente, el cuadro del Juicio Final, donde se grafica la acción de decidir el destino de una persona, sin importar quién es ni de dónde viene.

Dirección: García Moreno y Sucre

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Basílica Nuestra Señora de la Merced

La Merced tiene cosas únicas que la distinguen del resto de construcciones religiosas: muros con bases incas, domos ovales inspirados en las colinas, detalles marinos en los remates de los riscos, y patio de pura piedra con fontana de Neptuno. En la Sacristía, el sol juega las tardes como si pintara con luz a los santos y crucifijos, unos del dramático tallador Sangurima y todos custodiados por ocho arcángeles de Mideros. Grandes, de casi cuatro metros cada uno, entre los que está el Arcángel del Tiempo, que nos recuerda que una vez que éste se ha ido, no vuelve más. La Iglesia Mercedaria de Quito representa la religión y las tradiciones, la historia y las procesiones. El Rosario de la Aurora de sus fieles madrugadores, y las fiestas de las Mercedes de finales de septiembre, son solo un reflejo más de la vida de los quiteños.

Dirección: Chile y Cuenca

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Foto: Jay Vandermeer

Basílica del Voto Nacional

Todos admiran el enorme monumento de estilo neogótico construido en piedra y cemento, que con casi 100m de altura se levanta sobre las faldas de la tradicional Loma de San Juan. La construcción de la Basílica del Voto Nacional tomó más de cien años; destaca como el más grande de su clase en Sudamérica, y sin duda es la obra de arquitectura neogótica más importante de nuestro país. El altar principal, construido en mármol de Carrara (extraído de las canteras de los Alpes Apuanis en Carrara y muy cotizado por su blancura), desde el que se celebran las Eucaristías, se encuentra ubicado en el crucero de la estructura. La presencia de las “gárgolas” que representan animales endémicos exóticos de la fauna ecuatoriana, como caimanes, tortugas, piqueros, armadillos, monos, pumas, entre otros, marcan el toque único de este inédito estilo del neogótico ecuatoriano.

Dirección: Venezuela y Carchi

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Iglesia y Convento San Agustín

La mística religiosa, la emoción artística, y desde luego las leyendas que la rodean, hacen de San Agustín uno de los conventos más hermosos, tradicionales y representativos de Quito, la Ciudad Sagrada de los Andes. Colgado de un barranco quiteño que miraba a la quebrada del Camino Real, a veces parece suspendido del cielo a través de un ligero eslabón. Fue la Universidad San Fulgencio de los Agustinos desde el 20 de Agosto de 1586 hasta mediados del siglo XVIII, y también una gran Facultad de Teología durante casi tres siglos, hasta 1970. Hoy es casona de vivienda que alberga a los miembros de una creciente comunidad Agustina. Guarda en su interior el Convento Museo, Biblioteca, y espacios reservados al Arte, Historia y Memorias de nuestra vida Republicana.

Dirección: calle Chile, entre Guayaquil y Flores

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Catedral Primada de Quito

En 1995 la Catedral Metropolitana de Quito asciende a Catedral Primada, por ser el sitio en que las autoridades más importantes del país celebran transcendentales ceremonias. La puerta principal se encuentra en la calle de las Siete Cruces, que hoy lleva el nombre del presidente conservador Gabriel García Moreno, que le fue dado a partir de su dramática muerte ocurrida en el corredor de la mencionada vía, y donde cayó su cuerpo inerte en 1875. Ante la Catedral Metropolitana de Quito nuestro orgullo se doblega, y nuestra espiritualidad se inspira, al entender el verdadero significado de su existencia: construcciones hechas para despertar la enorme responsabilidad de mantenerlos como patrimonio humano y material de vida para la posteridad.

Dirección: Venezuela y Espejo

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Iglesia Santo Domingo

Construida en un solar que fue asignado a los padres dominicos en 1540, sigue siendo hasta hoy una de las construcciones católicas más visitadas y admiradas en el Centro Histórico. El templo está cubierto por una maravillosa labor ejecutada en cedro cubierto con pan de oro. Sus paredes están adornadas con pinturas y arte de altísimo valor religioso, mientras que las diez capillas laterales en su interior dan cuenta de la importancia de este majestuoso templo, cuya arquitectura original es de autoría del Arq. Francisco Becerra. Su construcción terminó en 1688. La Capilla de la Virgen del Rosario es la más conocida entre todos los tesoros que integran Santo Domingo, al igual que el famoso Claustro y la maravillosa plaza que se expande frente a la Iglesia, en cuyo centro se levanta el monumento a Antonio José de Sucre, héroe de la Independencia.

Dirección: calle Flores

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San Francisco

San Francisco es verdaderamente magnífico. La fachada tiene algo de El Escorial. Sus planos fueron su inspiración, pues se dice que Fray Jodoco Ricke usó los del antiguo Palacio Real Español, que fuera referente del poderío del Rey de entonces. Las primeras ventanas, y la distribución general del edificio: patios, refectorio, facultad y residencia, más la antigua cervecería, hablan de su parecido. Varias versiones envuelven su origen, una de ellas dice que San Francisco se hizo sobre el Templo del Sol, y otra, que se erigió sobre las ruinas de las casas del Príncipe Atahualpa. Las torres se ven iguales, fueron ubicadas sin mediciones, que es lo que más sorprende; las hicieron con la sombra que el Dios Sol proyecta desde su poder en lo más alto. Viéndolas de frente, la de la izquierda está alineada con los campanarios de La Compañía y San Agustín.

Dirección: Cuenca 477

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