Por: Lorena Ballesteros

La vista más privilegiada de Quito es la que se observa desde el mirador de la Virgen de El Panecillo. Desde allí se aprecia la conjunción del centro y el sur de la ciudad, se distinguen claramente las cúpulas de las iglesias del centro histórico, y los techos de teja color naranja que evidencian el legado colonial. En días despejados se vislumbran en el horizonte los principales volcanes y nevados de la Cordillera de los Andes.

Hasta hace algunos años El Panecillo era uno de los límites de Quito, allí terminaba la urbe; pero la ciudad ha crecido tanto que hoy la virgen da la espalda a la zona sur, porque hacia allá se expandió la ciudad. Este paisaje permite comprender a cabalidad cómo se ha dado ese crecimiento en los últimos 100 años.

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La loma de El Panecillo es una elevación de 3.000 metros sobre el nivel del mar, y obtuvo este nombre en la época de la colonia porque parece un pequeño pan. Fue por esos años también que allí se construyó un fortín militar para defender a la ciudad de las insurrecciones. Tuvo gran protagonismo durante el Primer Grito de Independencia, y posteriormente hacia 1822 en la Batalla de Pichincha, que determinó el fin de la conquista española. Después del siglo XIX, El Panecillo perdió su protagonismo militar y pasó a ser considerado un mirador importante para los habitantes y visitantes de Quito.

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En la actualidad, este es uno de los puntos turísticos imprescindibles y razones para visitarlo sobran, pues permite apreciar un deslumbrante paisaje. Es un lugar único para cenar o tomarse un café; está la posibilidad de tocar un monolito de piedra que apunta directamente al centro de la Tierra y que fue descubierto allí en las faldas de la loma; y por supuesto apreciar la Virgen de Quito que se encuentra en la cúspide de El Panecillo, y es una de las esculturas con mayor reconocimiento arquitectónico y artístico en América Latina.

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Se trata de un mosaico de 7.000 piezas de aluminio y otros metales, una réplica perfecta de la obra de Bernardo de Legarda, escultor de la Escuela Quiteña, que se encuentra en el altar de la iglesia de San Francisco. La estatua tiene 30 metros de altura y fue inaugurada el 28 de marzo de 1975. La imagen de la virgen que reposa sobre una construcción de cuatro niveles a base de hormigón y revestido de piedra volcánica, está posada sobre un globo terráqueo con una serpiente que representa el mal, encadenada a sus pies. Tiene alas, y hace alusión a la Virgen Apocalíptica descrita con detalle en el libro bíblico del Apocalipsis.

La tarea de construir una virgen sobre el punto más alto de Quito le fue encargada al padre Julio María Matovelle hacia finales del siglo XIX y tardó casi 100 años en materializarse. Matovelle fue quien también sentó las bases para la edificación de la Basílica del Voto Nacional en 1883.

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Dentro del monumento, mientras se sube al mirador de 11 metros de altura que se encuentra al final de la base de la estatua, se puede recorrer un pequeño museo en el que se relata la historia completa de El Panecillo y los detalles de la construcción de su particular virgen quiteña. Quienes suben al mirador pueden sentir vértigo, pero si desde el cerro se aprecia una hermosa vista, la sensación que deja la panorámica de 180 grados desde ese punto es realmente incomparable, y el vértigo se compensa. En su base de hormigón está la placa de la Virgen de El Panecillo en la cual se puede leer: “La Mujer del Apocalipsis Cap. 12…”

Una de las ventajas de visitar El Panecillo es que se puede ir en el día o en la noche y lograr dos perspectivas completamente distintas. Si el motivo es principalmente turístico, y se desea conocer la historia del monumento y subir al mirador de la virgen, se recomienda hacerlo durante el día porque el horario de atención es de 09h00 a 17h00, inclusive en fin de semana. La entrada tiene un valor de $2,00 y hay guías que acompañan la travesía por las escalinatas. Dentro del museo hay un lugar para beber café y comprar artesanías.

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La vista nocturna desde la loma es también impresionante. Ver a Quito iluminado y con sus cúpulas brillando en la noche es un espectáculo para todos. Recientemente el Municipio ha procurado incentivar las visitas a este barrio, haciéndolo más atractivo tanto para turistas locales y extranjeros, colocando unidades de policía comunitaria en la zona para garantizar su seguridad. Hay ferias de artesanías, puestos de comida típica y cafés para todos los bolsillos. La experiencia de El Panecillo hay que vivirla, pues está considerada una de las Siete Maravillas de Quito, Primer Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

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