TODOS LOS ROSTROS DEL SER HUMANO

Por: Lorena Ballesteros

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En la parte alta del sector de Bellavista, en Quito, se encuentra un centro cultural inspirado en un templo Inca. Se trata de la Capilla del Hombre, que guarda la obra del fallecido pintor Oswaldo Guayasamín. El maestro ecuatoriano quiso realizar un homenaje al ser humano en todas sus facetas y emociones, pero lastimosamente no vivió para admirar la capilla terminada. Si bien la construcción inició en 1996, la inauguración fue en 2002 y Guayasamín falleció en 1999.

Desde la puerta principal de ingreso al complejo de la Fundación Guayasamín se puede apreciar la Capilla, resguardada por una maravillosa vista de la capital, lo que hace de este lugar no solo un espacio de cultura, sino también de recogimiento. La fachada en ladrillo visto encierra un cuadrado de 30 metros por 30 metros, sin ventanas, con un solo acceso, para en su interior resolver necesidades en dos niveles. La superficie total es de 4.000m2.

En este museo se siente viva la imagen de Guayasamín. La fuerza de su obra es impactante, pero para conocer más sobre su vida es imprescindible visitar también la casa-museo que corresponde a la residencia donde vivió sus últimos 20 años. Ahí permanecen intactos sus objetos personales, los espacios en los que transcurría su día a día, y en su taller de pintura aún se percibe la presencia de este gran Maestro en el ambiente.

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En el mismo centro de la Capilla del Hombre está la Llama Eterna de los Derechos Humanos y la Paz, que fue encendida el 29 de noviembre de 2002 en la ceremonia de inauguración. La llama fue iniciativa de la Unesco, pero también hace alusión a la recordada frase del pintor: “dejen prendida una luz, que siempre voy a volver”. Y así parece ser, pues su espíritu está latente en este legado.

En el interior la edificación está determinada por la cúpula o domo de cobre platinado, que por las noches se ilumina y resalta en la penumbra quiteña. El recorrido inicia en la primera planta de la Capilla, en la cual se proyecta un video con un testimonio de Guayasamín, quien habla del ser humano, de su grandeza, de su sufrimiento, de los ancestros, de la historia, de cómo vivir el presente y qué esperar del futuro. La segunda planta, que está enterrada en el subsuelo, tiene acabados de piedra laja, en evidente alusión a la época prehispánica, y en ella se aprecian los bocetos originales de “Rostros de América”, hechos en lápiz y carboncillo, y luego en acuarela.

Guayasamín dividió su obra pictórica en tres colecciones: Huaycañán o Camino del Llanto, Edad de la Ira, y Edad de la Ternura. Lo que resta de cada una de ellas se puede apreciar entre la Capilla y la Casa Museo.

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En el interior de la Capilla se expone la obra “Potosí, en Busca de Luz y Libertad”, que evoca a esa ciudad boliviana, minera por tradición, desde la época de la conquista y la colonia hasta la contemporaneidad. Para completar esa obra el Maestro Guayasamín hizo una infinidad de bocetos, y finalmente los plasmó en 12 paneles que fueron colocados aquí después de su muerte. No está terminado, y eso se evidencia en ciertos rostros vacíos, pero claramente refleja la vida de los mineros, sus mujeres y sus hijos, muchos de los cuales nunca vieron la luz del sol pues nacieron y murieron encerrados en las minas.

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Otro cuadro impactante es “Arrasamiento”, un tríptico con rostros femeninos que expresan miedo, protesta y esperanza, y que hace alusión a las personas fallecidas durante los bombardeos de Hanoi en la Guerra de Vietnam. “Rostros de América” es otra colección de 20 cuadros que denotan miedo, dolor, angustia o esperanza, realizados en acrílico sobre polvo de mármol. En la misma línea de sufrimiento, “Los Mutilados”, representa a las personas que perdieron sus extremidades en conflictos bélicos, haciendo especial alusión a la Guerra Civil Española. La obra está conformada por seis paneles que se pueden combinar, mover o cambiar sin perder su interpretación.

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No se puede dejar de apreciar “La Familia”, cuyo eje central es la madre y está colocada en la mitad del cuadro, en la parte posterior se ubica al padre mirando hacia otra dirección, y a los costados están los hijos, envueltos en una manta roja. Para el maestro Guayasamín, la madre, y en especial su madre, jugaron un papel importante en el desarrollo de su obra, pues consideró que son la figura más relevante para el núcleo humano.

Dirección:

Mariano Calvache E18-94 y Lorenzo Chávez
Teléfonos: 2446 445/2452 938
De martes a domingo de 10:00 a 17:00
Entrada general: 8 dólares, incluye visita a la casa museo. Niños y tercera edad 4 dólares. www.guayasamin.org

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